Descansa en paz…
Dicen que detrás de un gran hombre hay una extraordinaria mujer. Siempre tuve una cierta opinión positiva acerca de esta máxima. Hoy puedo certificar su autenticidad. Mi abuelo fue un hombre entrañable, inteligente, amable, cariñoso… y un sinfín de adjetivos que resultarían insuficientes para presentar a alguien como él. Mi abuela, generosa y amorosamente siempre en la sombra, fue una mujer extraordinaria, cargada de buenas intenciones y deseos para los suyos, siempre con todos y cada uno de nosotros (y me refiero a mi familia al completo) presentes. No cejó nunca en su empeño de hacer feliz a mi abuelo y, por ende, a quienes la rodeábamos. Siempre odió molestar, especialmente estos tres años últimos en los que vivió esperando el día en que el reencuentro con mi abuelo, su Manuel, fuese un hecho. Y en ese deseo de no suponer molestia se marchó, en silencio, mientras dormía.
Era una mujer extraordinaria, como ya he dicho, y se le recordará siempre como tal. Una madre dada a sus hijos, una abuela dada a sus nietos… una esposa entregada por completo a su marido. Esta mañama despertó a su más ardiente deseo, y soñó una vez más con su Manuel, esta vez tan profunda y ávida de él, que no logró despertar, y se quedó en su sueño, plácida y feliz… satisfecha y completa, con sus deberes vitales terminados, y con una familia grande, en todos los sentidos, recordándola.
Hasta pronto, abuela, un recuerdo más que vivo en mis palabras, pero sobre todo en las miradas, los gestos, los susurros de sus hijos. Un soneto palpable de su vida, un verso que llora por su ausencia y sonríe por su anhelo alcanzado.
Un beso enorme… y hasta siempre.
El Pequeño Saltamontes dijo:
Enero 28, 2008 a 7:41 pm
¡Me ha perecido precioso! Sobre todo el segundo párrafo, la metáfora del sueño. La muerte de las personas que han vivido plácidamente, durante muchos años, amando y siendo amadas siempre, suele ser igualmente plácida. Espero que así haya sido para tu abuela.
¡Un fuerte abrazo!