Sobre el amor y otros enseres…
Amor. Así lo llamaba mientras jugueteaba sórdidamente con aquel sentimiento que recorría su espalda. Como si fuese un cubo de Rubik, buscándole las caras, modificando sus componentes, buscando los porqués y los motivos de aquella extraña sensación que inundaba el espacio que habitaba. Aquel pequeño cuarto, con aquella minúscula ventana decorada con una graciosa planta de un verde intenso, dejaba entrar una hermosa luz matinal. Sentado en aquella silla, la espalda arqueada, el cuerpo cansado sometido a una dulce presión pertrechada por el propio Morfeo… No, no quería dormir. Estaba demasiado encandilado con aquél juego psico-sentimental para dejarse arrebatar su divertimento por aquel dios sibarita y sutil. Quería seguir amenizando su jugosa mañana con aquél entretenimiento pueril que acababa de descubrir… estaba… enamorado.